Es innegable que las personas somos casi reproducciones en miniatura del planeta en que vivimos.
El porcentaje de agua, la respiración, en muchos sentidos nos parecemos a nuestro planeta y, por qué no, a los demás seres que viven en él.
Sin este fundamento tal vez resultaría extraño decir que nos parecemos a árboles. En plano espiritual, yo diría que somos casi clonados.
Piensen en cada aspecto de nuestra vida espiritual como una rama. Cuando recién nace parece una hoja, así sea amor, odio, esperanza, es difícil decir qué está por crecer. Después va tomando forma, y al final llega el momento en el que da frutos. Nuestra acción conlleva a un resultado en nuestra vida espiritual y por tanto repercute en la dimensión de lo físico.
Muchos dejan crecer cualquier cosa en su árbol; a otros les da miedo cortar algunas ramas que descuidaron y ahora son gruesas.
Creo que a todos nos gusta considerarnos como la clase de persona que se anima a cortar cualquier rama de malos frutos. Tal vez a veces nos hacen falta herramientas diferentes, o alguna que otra mano. Ojalá todos nos dejáramos moldear por nuestro jardinero sin miedo.
Cuántos nos ponemos a discutir contra él, contra la vida que nos quiere cortar algunas ramas.
¡Pobres de los que no le hacemos caso por mucho tiempo!
Si supiéramos lo rápido que crecen las ramas de mal fruto.
- Sebastián
