Lo
que pasa es que más que meter la pata, se encargaba de ensuciarse hasta la
rodilla y a poco bañarse en el barro.
Catastróficamente
catrasca, hasta el fin del mundo. Si había algo arruinable, lo arruinaba; si
había algo que podía salir mal, le salía mal. De haberla conocido Murphy, sus
teorías hubiesen sido inmediatamente comprobadas.
Si
una mujer es estéril, nunca falta el ingenioso que pregunta cómo están sus
hijos.
Si
alguien quedó huérfano, siempre hay algún tarado que suelta ‘¿Y tus papás? Hace
mucho que no los veo.’
Mujer
con problemas de obesidad, ‘¿Y cómo va el bebé?’
Pisar
con la rueda del carrito de súper a una persona con problemas en los pies.
Todos
esos juntos y mocos de mayor magnitud, aunque parecieran no existir, pueden ser
recopilados en su libro de “No lo repitas”. Una guía que en lugar de ayudar
parece alentarle a que se choque al menos cuatro o cinco veces contra el mismo
poste, puesto que pocas son las metidas de pata que no ha echado más de dos
veces.