Hace no más de dos
días desde que me mudé a esta cabañita desolada y hoy recibí mi primera visita.
Un chico normal a simple vista, pelo azul, ojos naranjas, la piel muy blanca y
dos simpáticas alitas de muchos colores que le salían de atrás de las orejas.
Lo extraño fue que no me saludó cuando abrí la puerta.
-Tenés muchos
dientes de león en tu patio delantero - dijo directamente- ¿Alguna vez los
usaste para ensaladas?
Parecía un tipo
maduro hasta que habló. Ahora para mi era un nene, sobre todo después de que
alzó una mano, cerrada con una fuerza orgullosa alrededor de muchos dientes de
león.
- No, nunca había
escuchado de alguien que los usara…
- Ah, son muy
buenas… Si me dejás pasar te enseño una receta.
Cualquier otro día
yo hubiese cerrado la puerta o llamado a la policía. Pero esta mañana el pastor
había predicado sobre el dar sin miedo, y para evitar caer en la hipocresía no
sólo lo dejé pasar y enseñarme, sino que también preparé té para acompañar la
ensalada.
- ¿Cómo te llamás?
Tuve que comenzar a hablar, porque él no había hecho una sola pregunta desde la de los dientes de león.
- Elías.
- Yo me llamo
Conrado.
Él asintió muchas
veces, como si ya supiera. Se veía agradecido, pero no siguió la conversación.
- ¿Dónde vivís,
Elías?
- En todos lados y
en ninguno. En realidad no concuerdo con el concepto de propiedad privada.
- ¿Te dedicás a
algo?
- Bueno, sí, Mi
misión es la de cultivar a las personas y ayudarlas, con especialización en
lugares públicos.
Siguió comiendo
hasta que me vio la cara de confundido. Tuvo que explicarme.
- Bueno, es
complicado. Por ejemplo, hoy guiié a un grupo de ancianitas que se habían
perdido e iban al festejo de un cumpleaños de cien. Cuando llegaron, una me
dijo que se había olvidado a su nieta en la plaza. Se la veía muy relajada,
pero yo me subí a la bici enseguida. La pobrecita estaba llorando en el medio
de un arenero. Me costó hacer que me acompañara, pero al final la pude llevar.
Después mi Señor me dijo que fuera hasta la plaza Velez Sársfield. En el camino
me crucé a un hombre que perseguía al amor de su vida, pero como no iba a
llegar a ese paso le regalé mi cibi, y creo que hice bien, porque después,
cuando me venía para acá…
Me tenía atrapado en
el relato, así que me molestó que se interrumpiera. Bostezó y se desperezó.
- Ahora que lo
pienso, hoy fue un día agotador.
Terminé arropándolo
en mi cama y durmiendo en el sillón. Ahora me doy cuenta de que fui engañado
como el tipo de las mil y un noches, sólo que por un ángel.